Hace unas semanas hablaba con un amigo acerca de Los Jaivas (de quienes espero escribir algo en un futuro cercano), cuando de pronto en algún punto de la conversación apareció el "fútbol total". Para los que no lo saben, es un estilo de juego donde ninguno de los jugadores tiene un rol fijo en la cancha, sino que intercambian continuamente sus posiciones de acuerdo a las necesidades especificas del partido, en una simbiosis de técnica, condición física y aplicación táctica sin precedentes. Después de esa revolución (y como en toda revolución que se digne de serlo), el fútbol no volvería a ser el mismo.
Ese estilo fue utilizado primero por la selección de Hungria en los cincuenta con Puskas, Hidegkuti, Czibor, Kocsis como los portadores de esa verdad. Luego el Ajax de Amsterdam y la selección de Holanda en los setenta con Cruyff a la cabeza lo pondrían en conocimiento publico (con nombre y uno que otro campeonato incluido), hasta verse perfeccionado con el Barcelona y la selección de España hace algunos años.
Cuando cayó eso en la conversación se me ocurrió un pensamiento: "es curioso que nadie haya definido en la prensa musical a una banda como 'rock total'". Como una banda capaz no solo de adaptarse a las tendencias del momento, sino de desafiarlas, liderarlas y pasar a la historia por sonar bonito, sonar fuerte, ser efectivo y exitoso.
Hice una lista con algunas bandas que podrían aplicar para el titulo. Pero la primera en la que pensé, hizo lo imposible: hacer que el rock, el dance y la herencia de la música negra (llámese soul, funk o R&B) se llevaran bien y cristalizaran en uno de los momentos más memorables en la historia reciente.
Una noche me encontraba con un amigo en un sitio de mala muerte. No pasó gran cosa (no de la que uno esperaría, al menos) pues básicamente la oferta estaba floja y los bolsillos también. Hubo un par de cosas que ese día cambiaron mi forma de ver a las personas (y sobre todo a mi propio ser) para siempre, pero no son pertinentes para lo que estoy escribiendo en este momento.
Lo que si es pertinente es que mientras hablábamos tonterías y soltábamos uno que otro halago de admiración mutua (es periodista igual que yo), mi amigo decía, parafraseando a Kurt Cobain, que el periodismo musical era a lo que se dedicaban los rockeros frustrados. Decía que si bien eso era muy cierto, la vida del periodista musical también tenia mucho de romántica, apasionante y desafiante con el stablishment. Mucho de lo que ambos aspiramos a ser, ya sea por voluntad o necesidad del entorno.
Hay muchos nombres que cumplen con esa regla. John Peel, The Electrifying Mojo, Hunter S Thompson, Lester Bangs, Everett True... Tipos que bajo sus propias reglas y eliminando el sofisma de la "imparcialidad" en sus trabajos, fueron capaces de forjarse una leyenda al darle mística con sus plumas o su locución a la música y la sociedad de su tiempo. Unos más decadentes que otros, pero grandes al fin y al cabo.
Nunca me he planteado ser un rockstar. Es aburrido, sobrevalorado, viejo y principalmente innecesario. Ser un lobo solitario tiene toda la decadencia y el misterio que necesito sobre mi persona. Cuando escribo sobre música siempre pienso en las cosas que fueron, las que son y las que serán alrededor de las canciones y trato de darles al menos una pequeña parte de la mística que le daban esos genios. Como buscando ser la voz de una generación (cosa pretenciosa donde las haya).
O en ultimas, aspiro a que un artista del cual haya dicho porquerías me incluya en una canción retándome a duelo por el honor perdido.
Un poco como él.
Feliz día a todos los periodistas de verdad. Los que en la victoria y en la derrota siempre ponen la sensatez por delante. Y a los que aspiran a serlo, porque van por el camino correcto.
40.000 personas pusimos nuestra voz, nuestro dinero y nuestro ser para decir que necesitaran matarnos tres veces, y aun así asegurarse de que estamos bien muertos.